La alimentación debería estar regulada

Según la ONU, «las dietas poco saludables son ahora una mayor amenaza para la salud mundial que el tabaco». Así se expresa Olivier de Schutter, informador de la ONU sobre los derechos de la alimentación.

En su momento, el consumo de tabaco se reguló erradicándolo de los centros laborales, el transporte público, la publicidad y los restaurantes, con claros beneficios para la salud de fumadores activos y sobre todo pasivos.

De la misma manera debería aprobarse un convenio marco sobre las dietas adecuadas, para revertir el empeoramiento de la salud con patologías tales como las cardiovasculares, el cáncer, las enfermedades respiratorias crónicas y la diabetes, causantes del 63% de las muertes a nivel mundial.

La obesidad afecta a cerca del 50% de la población de EEUU y poco menos en las sociedades opulentas occidentales. La diabetes incide cada vez más a temprana edad. La forma de cocinar algunos alimentos y su contenido en pesticidas causa cada vez más casos de cáncer.

Cambiar la situación actual es un problema más político que técnico, pues se sabe qué medidas tomar pero falta voluntad política. Se identifican cinco acciones prioritarias:

  • gravar los productos no saludables
  • regular los alimentos ricos en grasas saturadas, sal y azúcar
  • prohibir la publicidad de la «comida basura»
  • revisar los subsidios agrícolas que favorecen ciertos ingredientes
  • apoyar la producción local para que los consumidores tengan acceso a alimentos sanos, frescos y nutritivos

Esperemos que se avance hacia una mejor cultura nutricional, sea por regulación o mejor por formación. Y mientras los estados están en ello, los ciudadanos nos avanzamos apostando por una alimentación ecológica, de proximidad y temporada.

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